LA ÚLTIMA FRONTERA
Desde que tengo uso de razón ha habido a mi alrededor personas que han intentado advertirme de que tarde o temprano me daría cuenta de algo.
Desde que recuerdo que recuerdo, ha habido personas a mi alrededor que me han dicho que, tarde o temprano, me daría cuenta de que es mejor estudiar que no hacerlo, me daría cuenta de que la pasión amorosa se acaba, me daría cuenta de que al final todos los trabajos son iguales, o que con el tiempo se entiende a los padres y cosas así… siempre ha habido a mi alrededor agoreros, pinchaglobos y sabios que creen que porque su vida ha sido gris, la de los demás también lo será. Tardará más o menos pero al final se tornará gris; y te darás cuenta de que tu fe infantil en las personas y en las cosas siempre está equivocada y que el tiempo te demuestra que las cosas no son tan fáciles ni tan bonitas como esperas a los 17 años.
Desde que mi mujer está embarazada de Leire y de Nora (nuestras hijas) he oído voces advirtiéndome de que “¡Ay, cuando seas padre!” ¡Ay, cuánto vas a cambiar!” ¡Ay, cuántas cosas vas a entender ahora”.
Nuevamente la cantinela de las personas que todo lo saben.
Y me gustaría decir ahora, cuando sólo quedan unas semanas para convertirme en padre, cuando sólo quedan unas semanas para traspasar esa última frontera en la que, POR FIN, uno es adulto y en la que los demás ADULTOS te respetan y te consideran uno de ellos ((porque creen que, AL FIN, has visto la verdadera cara de la vida y has dejado atrás las ensoñaciones adolescentes, las creencias infantiloides y otros anhelos inconscientes)))…en fin, que creen que eres uno de ellos; quiero decirles, digo, que SE EQUIVOCABAN. Que la vida, al menos a mí, no me ha desmentido nada de lo que pensaba a los 15 años. Que la vida, al menos para mí, no se me ha vuelto ni más gris ni más rutinaria ni más difícil de lo que ya era cuando tenía 16 años. Y que estoy seguro de que cuando tenga a mis hijas no me volveré un carca pinchaglobos como ellos (o al menos como algunos de ellos)).
La juventud, la inconsciencia, las mentes limpias e inteligentemente temerarias son mejores, infinitamente mejores, que cualquier pretensión de sabiduría. No se es sabio por el mero hecho de ser viejo. No, no y no. Ni se ha vivido más por el mero hecho de haber vivido más años. No, no y no.
La juventud es una promesa: una promesa que a veces no se cumple, es cierto, pero es una promesa. Hay esperanza, hay alguna posibilidad.
La madurez, la edad adulta, la mayoría de las veces no es más que un saco de prejuicios, miedos y disimulos estériles. Carne hueca.
Por eso hoy, aquí, quiero decir que los jóvenes (mi hijas, por ejemplo) son la luz al final del túnel, la esperanza y que espero que sean, como dijo el poeta, arena y no grasa en el engranaje del mundo. ¡¡¡SER JOVEN, VIVIR EQUIVOCÁNDOSE, SIN MIEDO SIN IDEOLOGÍA, SIN PREJUICIOS SIN COPIAR LAS IDEAS DE OTROS SIN PERDER LA FE EN LOS PROPIOS SUEÑOS!!!
2 comentarios
Yo mismo -
\\\\\\\\\\\\\\\"¡Yo no quiero ser joven!\\\\\\\\\\\\\\\"
Tengo 68 años y estoy orgulloso de ellos: yo no quiero ser joven. Nací en París: es un privilegio vivir en una gran ciudad europea. Dos veces casado, dos veces divorciado, dos hijos. Quise ser seminarista y soy ateo. Resistamos el marketing idiotizante que nos quiere a todos jóvenes: no hay libertad sin responsabilidad. Colaboro con el CCCB
LLUÍS AMIGUET - 11/04/2006
Lo que vivimos en Francia, con las revueltas juveniles, es la paradoja del juvenismo. Somos juvenistas, pero, al mismo tiempo, castigamos a los verdaderos jóvenes.
- Lo de \\\\\\\\\\\\\\\"juvenista\\\\\\\\\\\\\\\" es nuevo para mí.
- El juvenismo es el marketing que ha sustituido a la filosofía de las edades de la vida.
- ¡Sé joven: compra con ilusión y energía!
- Antes la filosofía personal concebía cada edad como etapas de una realización personal: a la niñez seguía la juventud, pero sólo por unos años, y después la madurez tenía su culto a la plenitud de la persona, y hasta la vejez era deseada y reverenciada.
- Hoy todos somos jóvenes toda la vida.
- De un modo forzado y postizo hemos abdicado de todas las edades para reducirnos al perverso estado de la inocencia juvenil.
- La juventud no es tan inocente.
- Por inocencia me refiero a esa enfermedad del individualismo que consiste en querer escapar de las consecuencias de los propios actos: la tentativa de disfrutar de los beneficios de la libertad sin sufrir ninguno de sus inconvenientes.
- Todos somos Peter Pan sin compromiso.
- Y los poderes establecidos y el sistema nos animan en la medida en que se benefician de esa inconsciencia, pero lo cierto es que la renuncia a la madurez nos hace perdernos una parte importante de la vida. Y cabe rebelarse: ¡yo no quiero ser joven!
- Y a los jóvenes de verdad: ¡despido libre!
- Ésa es la paradoja de la sociedad juvenista: al tiempo que nos convertimos todos en adolescentes, castigamos a los jóvenes de verdad para que paguen un peaje por serlo.
- ¡Encima querrán tener un empleo fijo!
- Y nace una nueva clase juvenil de jubilados, muy jóvenes en espíritu pero con mayores niveles de salud y dinero, que se van de club de vacaciones a cuidarse el moreno. Son los que reatrapan la existencia y ocupan los mejores rincones de Europa y América con la raqueta de tenis en la mano o el velero. Tienen el dinero y ahora se les regala una juventud virtual para que se animen a gastarlo.
- Los maduros juvenistas europeos.
- En el 2016, si aciertan las proyecciones demográficas, el sesenta por ciento de los europeos estará jubilado. Tendrán el poder.
- ¿Por qué Francia está siempre en crisis?
- El modelo francés surge tras la humillación nazi por un acuerdo de los resistentes a la ocupación: De Gaulle pacta con los comunistas y concede a los trabajadores importantes beneficios sociales. Así nace el Estado de bienestar francés que hoy está en crisis.
- ¿Hoy es insostenible ese modelo?
- Debemos sostenerlo, porque nuestra medicina pública y la Seguridad Social son grandes e irrenunciables logros de todos. Pero también hay que admitir que tiene cinco billones de euros de deuda y así no funciona.
- Refórmenlo.
- En Francia es más fácil hacer una revolución que una reforma. La conciliación no funciona como en Alemania o en la propia España. Por eso vamos de revuelta en revuelta. Nuestro orgullo nacional deviene también orgullo innegociable en cada sector en conflicto, y así nos va.
- La huelga es una especialidad francesa.
- Cada día tenemos una. Francia es hoy ya el enfermo de Europa. Y amenaza con desintegrarla. Tras haberse inventado la Unión Europea, creyendo que era un modo de perpetuar el dominio francés por vía diplomática cuando ya no funcionaba ninguna más, ahora decimos no para desmontarla, porque hemos descubierto que otros países se benefician de la UE, que no es sólo francesa.
- ¿Qué salida le ve hoy a Francia?
- De nuevo el hombre providencial, otra vez buscamos un Napoleón: somos así. Tras la guerra fue De Gaulle, luego el gran Mitterrand y ahora necesitamos otro hombre fuerte para poder superar este régimen obsoleto.
- ¿Algún nombre in mente?
- Villepin creía que con esta ley del empleo juvenil adelantaba a Sarkozy, pero lo que ha hecho es pifiarla y dejar a Sarko como un hombre moderado y centrista. ¿Quién sabe? Tal vez sea Sarkozy ese nuevo salvador.
- Hoy la revolución tiene la tripa llena.
- Y los terroristas ya no son hijos del hambre, sino vástagos ambiciosos de buena familia, como Bin Laden. La prosperidad es también hoy un fenómeno global y China e India ven llegar a sus nuevas y pujantes clases medias al supermercado.
- Yo daba limosna para los chinitos.
- Pues China e India salen del pozo copiándonos, pero por sus propios medios. No han necesitado ONG ni nuestra caridad para nada. Demuestran que la mejor ayuda es la que te das a ti mismo. Sólo queda África para ejercer nuestra mezquina caridad y, ojo, porque algunos países africanos ya espabilan.
- Buenas noticias.
- Excepto que el supermercado global es anodino, banal, triste. Es nuestro exorcismo del hambre ancestral, la promesa de que nunca más volveremos a pasar hambrunas. El súper es otra ruedecita en la jaula del hámster globalizado: producir, consumir, engordar...
- ¿Propone usted volver al ayuno místico?
- Frente a las miserias de la prosperidad y del supermercado global, sugiero que los europeos celebremos nuestras tradiciones precapitalistas: el mercado local en el que tienes una cultura milenaria de la gastronomía donde te relacionas con el artesano vendedor.
- La cultura nos salvará.
- Frente a la deglución pautada por el marketing reivindico la gastronomía y frente a la mera ingestión de líquidos televisivos, una sólida enología. A los europeos, hoy, sólo la cultura nos separa de ser meros hámsters en la jaula del capitalismo global.
esti -