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¡¡Fuego Permanente!!

Algo hay que escribir a propósito del alto el fuego permanente.

Pero antes que eso diré que no habrá T-4 (segunda parte). No creo que nadie estuviera esperando otra entrega de mi vulgar peripecia en el jodido aeropuerto pero, por si acaso, pido disculpas por no cumplir mi promesa. Pero la verdad es que para ahora la t-4 no me interesa ni me importa ni me enciende.

Vayamos con ETA.

 

Empezaré diciendo que me he hecho viejo (o al menos más viejo) esperando a que ETA termine. Desaparezca. Caduque.

Mi primer recuerdo de ETA me lleva a la infancia, a una manifestación por las calles de San Sebastián (detesto decir Donosti). Mis padres, -como muchos en aquellos años-,  sentían cierta simpatía tibia por “la primera ETA” y nos llevaron a mí y a mis hermanas a una manifestación en la que a gritos de “Apala Askatu” (liberad a Apala) se pedía la libertad de un etarra llamado Apala (abreviatura del apellido Apalategi).

Curiosamente, muchos años después, cuando estudiaba y vivía en una granja escuela, tuve un compañero de clase apellidado Apalategi y que era, precisamente, sobrino del tal Apala… fue una sorpresa descubrir tantos años después que Apala no estaba muerto, tal y como yo creía, (asesinado por la Guardia Civil y hecho desaparecer su cuerpo en algún pantano o un vertedero o yo qué sé) sino que vivía y coleaba, y que, según su sobrino, el domingo anterior había estado comiendo en su casa de Ataun (un pueblo guipuzcoano) tan ricamente… ¡¡De haberlo sabido tantos años atrás, joder, no me habría pasado horas y horas gritando por las calles su nombre!!

 

Ese es el primer recuerdo de ETA, y el último es el de esta semana, el del anuncio del alto el fuego. En medio ha habido cientos de recuerdos, encuentros, llantos y estupores… tengo amigos etarras, compañeros de clase en la cárcel; también amigos asesinados por ETA, familiares que sufrieron un secuestro y otros que han sido amenazados… y como cualquier vasco he dedicado horas y horas a hablar “del tema” o a pensar en él. He intentado entender teóricamente la lucha armada, he intentado contextualizar y descontextualizar. He escuchado a progres intelectuales (normalmente catalanes) teorizar y comprender “lo que pasa en Euskadi”, he oído insultos a los vascos por ser vascos, (normalmente españoles) he deseado matar con mis propias manos a algún simpatizante de HB, he discutido con alguno, también con gente de PP, del PSOE, con camareros, familiares, conocidos, provocadores… he llorado con las muertes, he detestado el euskera, el nacionalismo vasco, el español, el catalán, la condición humana, me he ido de euskadi (para no volver nunca) y etc, etc, etc…

 

Así que después de tantos años, esta semana he descansado. Por primera vez he pensado que ETA acaba. Que sus caducadas ideas y sus portadores serán arrastrados por la marea del tiempo. He visto que, por primera vez en mi vida, Euskadi puede aparecer ante los ojos de los más jóvenes (mis futuras hijas, por ejemplo) como un país moderno, normal, standar, que ha dejado atrás para siempre las anacrónicas demandas de ETA y, sobre todo, sus métodos mafiosos… hemos entrado en el siglo XXI y acaba, al fin, ese siglo XX: el siglo de las ideologías: esas enfermedades que hacen desaparecer a las personas y convierten en sorbete de nada los cerebros más brillantes…

La única pregunta es, ¿qué será de todos esos jovenzanos que estaba prestos a empuñar las armas y que se han quedado con las ganas? ... después de la segunda guerra mundial, todos los jóvenes japoneses que habían sido instruidos para convertirse en implacabeles camicaces fueron reciclados y los pusieron a construir (para calmar sus talante obsesivo y su ansia camicace) vídeos, ordenadores, motos, coches, robots, etc. y no le ha ido mal al país del sol naciente, ¿no? Quizá a nuestros jovenzanos podamos buscarles un destino similar... os convoco a pensarlo, quizá hasta nos hagamos de oro como los señores Suzuki, Toshiba y cía.

 

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